Miguel Camacho

“Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.

Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada…”

MiguelCamacho

Alejandra ya se había ido…

Si yo hubiera sabido que su paso por estas tierras iba a ser tan fugaz, no sé… tal vez no me hubiera molestado en salir de mi casa bajo una lluvia inclemente, incesante… insoportable o, de pronto, por el contrario hubiera ido a su encuentro el día anterior, sobre todo después de haber sabido que su personaje tenía mi nombre y que, como a mí, le gustaba el café negro; y como yo, dormía poco. Tal vez quise creer que Alejandra había escrito sobre mí pero… cómo podía ser posible si nos conocimos el sábado anterior, además ella dijo que se trataba de Cervantes y bueno, no voy a creer que en mí se va a revivir la dualidad de autor y personaje que se da con tanto tino en El hombre de la Mancha.

La voz del volcán

Durante algunos meses la voz de Sara se limitó a asomarse, imaginada, en la lectura de algunas frases suyas con las que respondía los requerimientos urgentes que le manifestaba con la inocultable necesidad de conocerla; su cara no era ya un misterio aunque a su bella sonrisa y a su mirada brillante le faltaba el sonido y a veces le sobraba compañía. Uno… claro! le va adjudicando un tono, un timbre… una velocidad idealizadas, ¿cómo no hacerlo? Si, de alguna manera, el curso de los acontecimientos me obligaba a inventarla… a dibujar las piezas de un rompecabezas que aun permanece incompleto aunque ya haya podido reemplazar algunas con pedacitos de realidad que he encontrado en el camino en los últimos días.

Down by The River

A propósito del Festival de Jazz de Mompox, esta fue la reseña sobre una de las ediciones pasadas sumada a algunas consideraciones en torno a las características que comparte Colombia con Nueva Orleans gracias al encuentro de culturas que en ambos países permite la influencia directa de los ríos más importantes de los dos países. Mississippi y Magdalena traen sobre sus aguas la magia musical que impregna los aires de dos ciudades históricas

Escribo el título en inglés porque voy a hablar de jazz, y es que esta música expresó sus primeras ideas en inglés y jazz se llamó, también en inglés, eso no lo podemos negar.

Raíces Andinas, 35 años de Guaneñas y Pullitos

No muchas instituciones que hayan dedicado todo su empeño a los desarrollos culturales, sea cual fuere su campo de acción, pueden mirar atrás con el orgullo de saber que las cosas se hicieron bien, por el contrario, son demasiados los recuerdos de encomiables iniciativas que al poco tiempo de iniciadas tuvieron que deponer sus ilusiones, atacadas muchas veces por una realidad imbatible que les cerró el paso.

Daniel era otra cosa...

Nada puede ser a veces más doloroso que seguirle la corriente a los presagios, como alguna vez aconsejó Gabriel García Márquez; surge esta afirmación del hecho de haber recordado hace pocos días al grupo argentino de humor musical Les Luthiers con el propósito de realizar un programa especial, de largo aliento, que “aterrizara” sus ocurrencias en los temas originales que los inspiraron, ya fuera para la burla creativa o para el homenaje emocionado. Entonces se habló de que Daniel Rabinovich había sido reemplazado para la gira “viejos hazmerreíres” al tiempo que Carlos Núñez Cortés, pianista y compositor, adelantó noticias sobre el retiro.

El libro de autógrafos

El primer recuerdo del libro de autógrafos se pierde en la nebulosa de una infancia que, sin saber a qué horas, se llenó de símbolos adultos. No podría explicar por qué la memoria no me remite a otro tipo de objetos… juguetes, por ejemplo.

El libro de autógrafos tuvo siempre, durante los primeros años de mi vida, una magia particular a la que le atribuyo una curiosidad obsesiva en torno a temas muy humanos y sensibles; ¡es más!, creo que empecé a referirme a ese objeto, de esa manera, por el simple hecho de que así era comúnmente mencionado, pero entonces yo no sabía lo que era un autógrafo o lo que significaba; ni siquiera sabía o conocía el hecho de que un libro de autógrafos era parte de una cultura, una costumbre… una obsesión coleccionista como lo son todas; solo sabía que el dichoso libro aparecía y desaparecía como por arte de una magia emparentada directamente con la bohemia ligada a la presencia de algún ilustre visitante que, estimulado por algunos vasos de whisky y alimentado al amanecer con calamares y arroz blanco, le dejaba a Olguita, mi madre, su testimonio de cariño en unas pocas líneas sobre las hojas cuadradas de color habano que lo integran.

Así fue la historia

El pasado 18 de Octubre, la agencia Mediática (de Relaciones y Comunicación), que tiene como cliente especial al canal de cable TCM entre otros diecisiete, envió un correo que decía, más o menos, que requerían del criterio de la prensa para conformar una lista de "50 películas que debes ver antes de morir"; invitaron a participar a cerca de 500 periodistas más en América Latina, quienes además debíamos responder a la pregunta ¿Qué escena de película te gustaría que fuera parte de tu vida y por qué?

La Voz

Pasó mucho tiempo antes de que supiera que Pérez era el segundo apellido de Bernardo, y no sé si muchas veces también, lo olvidé. Acudo a este recuerdo porque pocas personas logran, con tanta autoridad, convertir su nombre en una especie de imagen de marca, en este caso ligada con la cultura: Bernardo Hoyos es el sinónimo de una erudición asombrosa que descansa plácidamente sobre los cimientos de la honestidad, la gracia, la decencia y la oportunidad. Haber tenido la suerte de sentarse a conversar con él fue siempre comparable a ejercer, por un rato, una de las verdaderas bellas artes, la de la conversación.

Morirse de la dicha

Sin ironías, dedico este escrito a Eduardo Arias,

A Manuel Carreño, a “Santafecita” y a todos mis hermanos.

En un país como Colombia, donde la gente se “muere” de la risa… o del sueño… o del cansancio; en fin, de tantas cosas en las que la idea de la muerte se vuelve liviana, ha sido fácil regresar al pasado para revisar las imágenes de una infancia tocada, de muchas maneras, por el fútbol.

Diario del Perro vs. Diario del Gato

Dentro de la malsana costumbre de enfrentar a las mascotas en la lucha por una supremacía innecesaria y tonta, el enfrentamiento entre perros y gatos ha servido incluso para designar como paradigma a las peores luchas sociales, rivalidades y enfrentamientos que van desde lo familiar hasta lo deportivo y lo político sin haber reparado nunca en que el instintivo rechazo de las especies no es otra cosa que la respuesta natural por la defensa del territorio y de la vida.

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